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crónica...frío y calor, vida y muerte, de fuego y hielo, cruel y tierna, blanca y negra, mimada y castigada, pausada y movida, tímida y abierta, vikinga y moderna, carísima y más cara aún...Borrachos de este mágico e interminable contraste hemos tenido la oportunidad de conocer todas estas Islandias, muchas veces indescriptibles, durante un periplo de 10 días.Aunque nuestra pretensión era llegar a Islandia por mar, tuvimos que dejar la caravana y la furgoneta en el FolkeCenter por lo caro que resultaba el ferry (¿sería un augurio de lo que nos esperaba?) . No hubo más remedio que buscar unos billetes de avión, y así el día 15 de septiembre partimos desde Copenhague hacia la capital islandesa. Tras un viaje de 3 horas llegamos a Reykjavik, donde tuvimos que atrasar 2 horas los relojes. Antes de aterrizar, desde la ventanilla del avión el paisaje se te presenta totalmente diferente a todo lo visto hasta ahora. Casi dañaba los ojos; las rocas volcánicas, vacío de vida, deprimente, la tierra ennegrecida... la sensación de estar en otro planeta no nos abandonaría durante todo el viaje. Por eso no nos sorprendió demasiado saber que antes de su viaje a la luna Neil Amstrong y Aldrin Spent se entrenaron en tierras islandesas. Tras pasar los interrogatorios y controles del aeropuerto, en el
autobús contemplábamos el triste y desértico
paisaje que, durante los 40 Km. que nos separaban del albergue
juvenil sito en la capital, nos acompañaba. Como habíamos decidido dar toda la vuelta a la isla, lo
primero era alquilar un coche. Así lo hicimos a la mañana
siguiente, todavía alucinados tras nuestra primera Aurora
Boreal. Tras una noche helada nos dirigimos siguiendo la costa hacia Reykhólar,
con la intención de embarcar para ver ballenas. De hecho
la polémica surgida con respecto a la caza de las ballenas
nos ha avivado aún más el interés por ver
los cetáceos. Y es que resulta que el gobierno a levantado
la prohibición de cazar ballenas y alegando “motivos
científicos” ha dado permiso para cazar 75 ejemplares.
El Rainbow Warrior de Greenpeace se nos había adelantado
llegando unos días antes para denunciar y luchar contra
esta decisión por los distintos puertos de la isla. A pesar de nuestras ganas, a las ballenas no debió parecerles buena idea, marchándose una temporada. Volverán bien entrado el invierno. Así que decidimos intentarlo más al norte y fuimos hacia Akureyri, un puerto pesquero. Pero aquí no fueron las ballenas si no el mal tiempo el que nos impidió hacernos a la mar. De camino hacia Akureyri empezamos a saber el por qué de esos 4x4 con sus ruedas gigantes. Vientos racheados, piedras, polvo, lluvia... todo esto y más nos encontramos mientras hacíamos los 200 Km. que nos separaban de nuestro destino en un Corolla alquilado, (al que acabamos apodando “furia gris” gracias a sus gestas) que a pesar de todo pudo cruzar varios ríos y esquivar infinitas piedras... Por cierto, si viajando por la isla os encontráis con una carretera “mantenida” por el gobierno... ¡ huid! Por el estado de dichos caminos se ve claro que el gobierno siempre viaja en avión. Lo primero que hicimos al llegar a Akureyri fue ir a conocer lo
que luego se convertiría en una costumbre casi imprescindible,
sobre todo para descansar de las largas horas del coche... las
piscinas termales. Y es que en la mayoría, por no decir
en todos, de los pueblos de la isla tienen piscinas de agua caliente
y/o baños termales gracias al buen uso que hacen de los
recursos que les ofrece la tierra, y que comentamos más
adelante. También la noche es curiosa en Islandia. Los fines de semana
de Reykjavik son muy famosos por su ambiente. Nosotros no pudimos
verlo, pero sí las noches de Akureyri. Tras visitar Detifoss (la catarata de los niños) y Godafoss (catarata de los dioses. Dicen que arrojaron por ella a sus dioses paganos cuando decidieron adoptar el cristianismo), dos saltos de agua increíbles; después de un descanso en un precioso hotel, todo de madera, en Höfn, nos encaminamos hacia Vatnajökull, el mayor glaciar de la isla, por la carretera que pasa al sur del mismo. La belleza extraordinaria del paisaje te obliga a ir muy despacio
con el coche si no quieres perderte todo lo que te ofrece. Montes
nevados, hielo por doquier, pueblos perdidos, riachuelos surgiendo
de cualquier esquina, infinidad de pequeñas cataratas labrando
surcos en la roca en lucha constante contra el viento, obstinado
en hacerlas subir hacia el cielo, lagos grandes, lagos pequeños,
bandadas inmensas de aves, ovejas protegiéndose del frío
lacerante,... pero ni rastro de gente. Tan solo nos cruzamos con
otros tan valientes, o tan temerarios como nosotros. Claro que
los nativos estarían bien resguardados en sus casas. Siguiendo el camino hicimos parada en el parque natural Skaftafell,
que rodeado de dos glaciares de gran actividad sísmica,
aúna la belleza de sus coloridos bosques a la fuerza de
estos gigantes de hielo. Aprovechamos el par de días que nos quedaban antes de regresar
a Dinamarca para conocer los alrededores de la capital. Al día siguiente, sabedores de que por la tarde disfrutaríamos
del relax de las termas del Blue Lagoon, nos dividimos unos en
pos de las ballenas, pudiendo observar infinidad de aves marinas
acompañados por los delfines; otros de excursión
montando el precioso “Icelandic Horse” con esa pinta
traviesa que le dan las melenudas crines. Aún con el relax del baño, nos dispusimos a aprovechar nuestra última noche para despedirnos como es debido de una isla que tan buena sensación nos dejaba, como no, en una taberna vikinga. De madrugada, casi sin dormir, de camino al aeropuerto para volar
a Copenhague, otro amargor se sumó al que nos había
dejado el Brennivin, licor típico islandés también
llamado muerte negra; fue la visión de los navíos
de la marina estadounidense que delataban la presencia de la única
base militar existente en Islandia. Y así llegamos al aeropuerto de Keflavik, justo en el momento
en que se anunciaba la salida de un avión que era el nuestro. Para no alargarnos, más aún, nos dejamos muchas vicisitudes en el tintero; si tenéis interés por conocer más y la oportunidad, (y dinero), de visitar esta isla, no os lo penséis. No os arrepentiréis. proyecto ekogaiaIslandia ha sido desde el principio uno de nuestros destinos más
esperados, ya que es el lugar de Europa donde más explotadas
son las energías renovables.
Ni que decir tiene que éstos son datos imposibles para cualquier otro país de Europa y del mundo, hoy día. A pesar de la importancia de la energía hidroeléctrica para Islandia, queríamos profundizar en otras formas de energías menos extendidas en otros lugares: la geotérmica y el hidrógeno. A mencionar el masivo y elaborado uso que dan a la energía
geotérmica. En una tierra de radicales contrastes, la Fortuna
ha puesto a los pies de los islandeses las mejores herramientas
para cubrir sus necesidades de agua caliente sanitaria y calefacción,
que no son pequeñas, para hacer frente a la dureza de una
tierra llena de hielo y barrida constantemente por fuertes vientos. Estas centrales se sitúan en lugares de gran movimiento
sísmico, casi siempre no muy lejos de algún volcán. Factores positivos que presenta el hidrógeno:
El único residuo que se crea en este proceso es agua limpia. Para el proceso de separación del hidrógeno es necesario el uso de energía eléctrica, para lo cual se puede utilizar cualquier otra fuente renovable. En la estación que nosotros visitamos, cómo no, la electricidad es de procedencia geotérmica. He aquí el comentario de los lugares visitados:
En esta central, situada hacia el noreste de la isla, trabajan 18 personas en medio de un “hot spot” (zona de gran movimiento geotérmico-sísmico), al lado del famoso cráter VITI (infierno), cuyo nombre entiende uno a medida que se acerca al cuerpo central pues presenta un aspecto realmente infernal por el humo y el olor a azufre(como a huevo podrido) que desprenden los campos y montañas del entorno.
La primera de las dos turbinas existentes fue instalada en 1977;
ahora con una potencia de 60Mw y una producción de 480Gwh,
abastece de energía a la ciudad de Keyrievic y alrededores. Además de los problemas técnicos habituales, aquí están acostumbrados a lidiar con otros “problemillas naturales”, erupciones volcánicas. Es una zona muy activa, como demuestran las nueve erupciones habidas entre 1975 y 1984. Parece que desde entonces dicha actividad ha bajado bastante. Aparte de su función básica, que es crear energía, la central ha sido acondicionada para servir de destino turístico. De manera que tras visitar sus instalaciones, conociendo su sistema de trabajo y el proceso de la energía, puede uno acabar el circuito en una sauna. Por supuesto, ¡está usted en Islandia! La empresa que gestiona esta central es Landsvirkjun, trabaja en Islandia desde 1965 y está participada por el estado islandés en un 50%, la ciudad de Reykjavik en un 45% y el 5% restante por el pueblo de Akureyri.
A unos 40 Km de la capital, rodeada de montañas, nos encontramos con esta gran planta geotérmica propiedad de Orkuveita Reykjavikur (Reykjavik Energía) Puesta en marcha en 1965 en la zona de Hengill, una de las zonas volcánicas con temperaturas más altas de la isla, está situada al sur del volcán Hrómundartindur. Nada menos que 24.000 temblores de 0.5 en la escala Richter han sacudido el lugar entre 1993 y 1997!!! La sacudida más fuerte que han sufrido fue de 5.3 en la escala Richter en junio de 1998. Está construida sobre uno de los cerca de 30 “hot spot” (puntos calientes) existentes en la isla; donde la temperatura del agua alcanza los 200ºC a los 1000 m de profundidad.
Hoy día, esta empresa abastece de agua caliente, calefacción
y electricidad a 26.000 viviendas; cerca de 60 millones de litros
de agua caliente circulan por su entramado de tuberías.
Situado a la salida de Reykjavik, es el primer surtidor comercial de hidrógeno en marcha en el mundo. Funciona de forma parecida a los surtidores normales de las gasolineras; echas hidrógeno en el depósito, pagas y te vas. Rodeando el surtidor una valla con innumerables plafones nos informaba sobre la producción del mismo y los planes del país en materia de energías renovables en general. Todo un paso adelante. Lástima que, a la vez, también sea una muestra más
de esa hipocresía tan de multinacional. Shell en este caso. Esta central lleva produciendo electricidad sobre el río Sog desde 1953. Producía 31 Mw. de potencia hasta que en 1963 pasó a los 47.7 Mw. de producción gracias a la instalación de una segunda turbina. Situada entre dos cataratas, es alimentada por las aguas de un afluente del hermoso lago Úlfljótsvant. De las tres plantas que conforman el conjunto de la central hidroeléctrica
es Ïrafoss la de mayor potencia y la que mejores instalaciones
presenta de cara al público.Lo que pudimos comprobar en
un interesante viaje por las tripas de la planta, llegando hasta
los túneles que se utilizaron para su construcción,
muchos metros bajo tierra, aún abiertos. Entre la planta más antigua, Ljósafoss de 1937; la última, Steingrímsstod instalada en 1959, y la comentada aquí, producen un total de 97.8 Mw de potencia. Dentro del proyecto que da nombre al conjunto de las instalaciones,
Sog Power Stations, la estación está siendo restaurada
para dar cabida a un espacio de exposición y educativo,
que ya acoge exposiciones artísticas. Esta central hidroeléctrica forma parte de la red de la
ya mencionada empresa Lansdvirkjun. |
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